El brindis
"Libemos las gozosas copas / que la belleza colma / y la efímera hora / se embriague de voluptuosidad ". El brindis más celebre en toda la historia del melodrama es seguramente aquel que Alfredo entona en el primer acto de la Traviata de Giuseppe Verdi. Un brindis en el que la dicha del convite es matizada con alusiones amorosas (“amor entre las copas / besos más cálidos tendrá”).
Varían las formas, se dice salud o prosit o skol , pero a través de los siglos permanece idéntico el placer de levantar una copa de cristal colmada con el más prometedor de los néctares. Poculum o flûte , calix en lugar de glass , la historia de la civilización podría trazarse volviendo a recorrer las formas fantasiosas y extravagantes que el hombre ha sabido inventar para vasos, copas, y jarros.
La centralidad de la elevación de las copas en el momento del ágape es enfatizada por las religiones, y es religioso el origen de un verdadero género literario fundado en el brindis, que desde las civilizaciones orientales, o por los menos desde los griegos, llega hasta nosotros. El culto a Dionisio, el Dios de la vid. Un cuerno entonaba un canto en las procesiones de carácter orgiástico, en las que los adeptos elevaban alabanzas al patrono del “suave licor”, entre mímica y danza.
Descendiendo desde el Parnaso del mito al mundo de la producción, “Cosi Tabellini” se enorgullece al proponer sus propias colecciones: vasos, copas y jarros que celebran la excelencia de un connubio entre la tradición del arte del vidrio y la fantasía de los maestros contemporáneos del peltre.
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